No todas las personas inician un proceso terapéutico por los mismos motivos. Puede ser que estés en mitad de una crisis personal iniciada en algún ámbito de tu vida, y que esté afectando tu idea de quién eres, dejándote confundida (usaré el femenino genérico) y sin saber cómo seguir. Puede ser que simplemente te sientas apática y con el ánimo bajo, sin saber hacia qué dirección seguir caminando. O quizá simplemente quieres iniciar un proceso de auto-conocimiento y crecimiento personal y éste es un buen momento para ti. Sea cual sea tu motivo, éstos u otros muchos (hay tantos diferentes como personas) es buena idea acudir a un psicoterapeuta cuando te sientes atascado, en un callejón sin salida, y/o ésta situación está afectando la calidad de tu día a día. Muchas de nosotras alguna vez en nuestra vida nos hemos sentido sin fuerzas o paralizadas ante una situación determinada, incapaces de resolverlo por nosotras mismas, y hemos sentido la necesidad de pedir ayuda externa, encontrar un espejo que nos aporte luz y perspectiva.

Entiendo la relación terapéutica como un vínculo profundo que se establece entre tú y yo, donde desde mi propia autenticidad te acompaño para que encuentres la tuya. Las dos aportamos y recibimos en esta relación, pero me coloco en calidad de servicio hacia tu estado actual, tus historia personal y tus demandas terapéuticas. Tú eres quien dirige el timón de tu vida, y la única que elige cuando girar a derecha o izquierda, cuando avanzar o parar. Yo camino a tu lado, quizá señalándote algo del paisaje, o mostrándote posibles bifurcaciones, o escuchando tus dudas y tus contradicciones internas (aquellos momentos en que dices algo pero actúas de manera opuesta), y ayudándote a mirarlo todo desde todas las perspectivas posibles, física, emocional y cognitivamente. En definitiva, acompañándote en un procesamiento integral de tus experiencias vividas, y así entre otras cosas puedas encontrar la libertad de sentirte dueña de tu propia vida.

Te ayudo a poner luz y aceptación en aquellos rincones internos que te resulta difícil mirar, y en tu viaje al pasado o tus miedos del futuro que no te permiten conectar con el presente.

Los pilares de mi acompañamiento terapéutico son la empatía, la aceptación incondicional y la congruencia, con una especial atención al cuerpo ya a la experiencia sentida físicamente. Con este marco teórico y de referencia, creo que a partir de mi mirada hacia la persona que me pide una relación de ayuda, ella será capaz de alcanzar la máxima potencialidad para su propia felicidad, atravesando el momento vital o periodo de crisis.

Como ejemplo, imaginad que os encontráis en una situación de conflicto interno, con el grifo perdiendo agua y vosotros agachados de rodillas o tumbados debajo del fregadero, con toda la ropa mojada y la llave inglesa en la mano, con el cuerpo en una posición incómoda, mientras estáis intentando solucionarlo. Veo mi trabajo de acompañamiento como el de esa persona que se arrodilla a vuestro lado y os aguanta la linterna para poner luz. Sólo quien está allí, empantanado entre tuberías y el agua que cae es capaz de ver qué se puede tocar y qué no, y libremente decidir de qué manera y en qué momento acercarse a la resolución de ese conflicto interno. Yo solo pongo la luz suficiente para poder mirar todos los rincones y elegir con conciencia.

Puedes leer algunos testimonios aquí.